1. RESEÑA HISTÓRICA DE EL PUERTO DE SANTA MARÍA

La leyenda atribuye la fundación de la ciudad a un caudillo ateniense –Menestheo- que, después de la guerra de Troya, fundó una ciudad que llevaría su nombre, el Puerto de Menestheo.

En el año 711 los musulmanes se enfrentaron al ejercito visigodo en la batalla del Guadalete. A partir de ese momento pasó a formar parte del territorio musulmán con el nuevo nombre de Amaría Alcanter, Alcanate o Alcanatif que algunos investigadores traducen como Puerto de las Salinas, Arco o Puente.

En 1260 Alfonso X conquista la ciudad a los musulmanes y la llama Santa María del Puerto, organiza el repartimiento de las tierras y le otorga la Carta-Puebla. Posteriormente, a partir del año 1368 y hasta el siglo XVIII, El Puerto pasa a formar parte de la casa ducal de Medinaceli y conocerá durante este periodo sus mayores días de gloria, Cristóbal Colón, entre 1483 y 1486 fué huésped de los señores de El Puerto y recibió aportación para emprender el viaje que le llevaría al descubrimiento del nuevo mundo. Aquí se pertrechó la Santa María, propiedad del marino Juan de la Cosa, que fue piloto de Colón en 1492, y que en 1500, en El Puerto de Santa María fecha el primer mapamundi que incluye América.

Durante los siglos XVI y XVII, El Puerto es invernadero y base de las Galeras Reales y sede de la Capitanía General del Mar Océano. Este hecho determinaría su protagonismo en la preparación de importantes expediciones navales de carácter militar. Proclamado rey Felipe V, la ciudad pide su incorporación a la Corona, lo que sucede el 31 de mayo de 1.729, en que la Corte se traslada a veranear aquí ese año y el siguiente. Un siglo de las luces con una importante actividad mercantil y un gran número de ilustrados magnates asentados en la ciudad, daría paso en los primeros años del siglo XIX a una ciudad convertida en cuartel general del ejército francés durante la Guerra de la Independencia, bajo el reinado de José Bonaparte (1810-1812).

Durante el reinado de Fernando VII (1814-1833), en el periodo del trienio liberal (1820-1823), El Puerto es nuevamente ocupado y tomado como cuartel general por tropas de la Santa Alianza, ejercito francés conocido por los Cien Mil Hijos de San Luis al mando del duque de Angulema, con el fin de acabar con la resistencia liberal refugiada en Cádiz y libertar al rey Fernando VII. Liberado el rey, éste desembarca en El Puerto y deroga la Constitución de 1812, imponiendo de esta forma el poder absoluto de la corona.

El Puerto tenía un lugar reconocido en el circulo mercantil y naviero. Desde esta ciudad se fletaban naves que recorrían las rutas de las especies, la seda, etc. Su infraestructura en astilleros, instituciones de comercio y formación de marineros y navegantes, la situó por delante de la mayoría de ciudades portuarias. El ser base de la Capitanía General de la Mar Océana implicó el estar constantemente al día de los devenires políticos internacionales con lo que todos los acontecimientos históricos se hicieron notar de una forma muy directa en la evolución de la ciudad. Su condición mercantilista, la configuró como residencia de comerciantes (Cargadores a Indias), que, al construir sus lujosas viviendas, conformaron un conjunto monumental jalonado de Casas-Palacios y diversos edificios civiles y religiosos de lo que aún podemos disfrutar en su mayoría.

Los avatares de la historia, las sucesivas desamortizaciones religiosas y civiles, los cambios sociopolíticos de cada momento, así como el desarrollo de la industria bodeguera, provocan la expansión de la economía local y el espacio urbano, marcando la vida y las gentes de esta ciudad, que hoy visita.

El devenir de esta ciudad, acostumbrada a recibir viajeros procedentes de todos los rincones del mundo, y la variedad de orígenes de sus pobladores, la convirtió en un lugar, donde todos aquellos que se acercan, encuentran un poco de su propia historia. Bienvenido.

2. CASTILLO DE SAN MARCOS.

El Castillo de San Marcos es uno de los edificios más representativos de la ciudad. Sus torres y almenas, recortándose sobre el cielo portuense, constituyen una silueta inconfundible y probablemente una de las imágenes más antiguas del conjunto arquitectónico de El Puerto. Su evolución ha ido pareja al desarrollo urbanístico local, hasta convertirse en edificio simbólico durante distintas épocas, de forma que lo que hoy conocemos es producto de varias transformaciones desde la primitiva edificación alrededor del siglo X. En su origen se trataba de una antigua mezquita -de orientación NO-SE-, el edificio más importante de la aldea musulmana de al-Qanatir. El templo musulmán fue levantado con materiales de acarreo, probablemente procedentes de otro edificio romano más antiguo. Poseía planta de tres naves dividida en cuatro tramos, patio - sahn -, alminar - o torre- y el muro principal o muro de la quibla, en cuyo centro se abría un recinto sagrado - el mihrab -. Tanto el muro de la quibla como el mihrab, aun se conservan en la construcción moderna. A esta primera época correspondería igualmente una antigua inscripción en uno de los accesos primitivos al edificio.

La segunda etapa del edificio se corresponde con su transformación en santuario cristiano, producida a mediados del siglo XIII y vinculada ala conquista castellana de la zona por Alfonso X entre los años 1257 y 1260. La ocupación alfonsí estaba ligada a la elección del lugar -magníficamente situado- como punto defensivo de toda la comarca y centro de aprovisionamiento de la flota castellana para sus expediciones. Todos estos acontecimientos fueron narrados con matices poéticos en las Cantigas de Santa María, principalmente la 328., en las que también se menciona la reconstrucción del santuario, concluido en torno a 1268-1270. Unos años después debió sufrir remodelaciones al tiempo que se rodeaba a la ciudad de muralla. Posiblemente en 1272 se instaló en él la Orden de Santa María de España.

En la iglesia-fortaleza de Santa María - conocida a partir de los siglos XIV-XV como Castillo de San Marcos- se emplearon sillares y columnas romanas de acarreo. Varias de estas columnas se conservan hoy adosadas a pilares interiores. Esta reforma y construcción cristiana fue comenzada por el alarife Alí en los primeros años de la ocupación castellana y el edificio fue pronto convertido en un importante centro de peregrinación que destacaría como elemento singular de la población.

La reconstrucción le afectó en su totalidad realizándose una serie de importantes transformaciones en los aspectos exterior e interior. Se abandonó el antiguo eje transversal de la capilla hacia el muro de la quibla, orientándola al lado norte, y abriendo una capilla mayor o ábside que se convertiría entonces en principal. Esta nueva cámara es de estilo gótico y se cubre con bóveda de crucería. La capilla ocupa la parte inferior de la torre principal del castillo - Torre del Homenaje- que se levantó probablemente en el mismo lugar donde podía haber estado el alminar de la antigua mezquita. Con el cambio de orientación, y para adaptar la visibilidad, debió abrirse una puerta en recodo en el lado opuesto al ábside. Se amplió igualmente todo el oratorio a costa del patio - que quedó muy reducido- contando el edificio a partir de entonces, las siete naves en forma de gran sala que queda a la izquierda de la entrada actual. La reforma afectó también a la cubrición general abovedada, y al refuerzo y coronamiento de los muros, combinándose los caracteres religioso y defensivo. El edificio adoptó la forma de un recinto rectangular flanqueado por ocho torres. Todas ellas poseen decoración almohade, están rematadas por almenas en picos y presentan antiguos signos de canteros en sus zonas bajas. El conjunto se rodea de una muralla o cerca no muy alta.

La otra gran transformación se produjo a fines del siglo XV y principios del XVI (1454-1501), cuando se realizaron nuevas obras de reforma y consolidación del conjunto a cargo de D. Luis de la Cerda, duque de Medinaceli. Estas consistieron en el recrecido de las torres incluida la del Homenaje y la torre sur -que ostenta el blasón de la casa de La Cerda -, el refuerzo de la cerca exterior, la apertura de la puerta que da a la plaza y la construcción de un nuevo cuerpo adosado a modo de sacristía, con lo que se potenciaron nuevamente sus valores militar y religioso. Esta nueva pieza es una sala alargada cubierta por bóvedas de crucería góticas y decorada posteriormente con elementos neogóticos entre los que destaca un retablo. Desde la Sacristía, que sería definitivamente finalizada en el siglo XVII por el arquitecto Francisco de Guindos, se accede a la antigua puerta en recodo de la época alfonsí.

Posteriormente sufriría nuevos cambios; así el siglo XVIII corresponden la espadaña y el campanario de la torre principal.

El Castillo fue sede del Concejo hasta 1729, año en que se produce la incorporación de El Puerto a la Corona castellana tras un largo periodo de dependencia señorial de los Medinaceli. Fue utilizado como iglesia hasta el siglo XIX y más tarde se readaptaría para viviendas, hasta que a mediados del presente siglo se acometiera la última gran remodelación, en la que el edificio adoptó su actual imagen.

En las reformas realizadas en 1943 por el investigador portuense D. Hipólito Sancho, se restauraron interiores y exteriores, reunificándose su doble origen islámico-gótico: al interior se añadieron arcos de herradura y elementos decorativos como cordobanes, vidrieras, una reja, el recubrimiento interior del mihrab... En el exterior, corresponde a estos años la decoración pictórica de castillos y leones y las leyendas marianas, al igual que toda la restauración de torres y almenas, que en aquellos años se encontraban en pésimas condiciones. Estilos almohade y gótico vuelven a fundirse nuevamente como en su primitivo origen. También recientemente se han producido nuevas obras de mantenimiento y recuperación del edificio y la restauración de la cerca exterior y torres. El Castillo de San Marcos constituye fachada principal de la tradicional plaza que comparte su nombre con el del rey que lo mandara reconstruir en la época fundacional de la ciudad. Declarado Bien de Interés Cultural desde 1920 - por entonces con categoría de Monumento Nacional- sus muros custodian la imagen gótica de Santa María de España (s. XII-XIII), tan vinculada a El Puerto.

Actualmente, el edificio es propiedad de la Firma Luís Caballero, S.A. y como ayer el Castillo de San Marcos sigue siendo símbolo inequívoco portuense. Su torre del Homenaje, con la imagen de la Patrona, está presente en el escudo local y su dentado perfil lo está, casi inextinguible, en la imagen urbana de El Puerto.

 

5. POBLADO FENICIO DOÑA BLANCA.

En 1979 se comenzó un proyecto de investigación en el poblado fenicio del Castillo de Doña Blanca de El Puerto de Santa María, que dió lugar a numerosas actuaciones científicas hasta hace unos años. A medida que se intensificaron las excavaciones y las prospecciones en sus alrededores se han ido descubriendo nuevos elementos arqueológicos que ocupan unas 300 Ha. La ciudad fenicia, rodeada de fotificaciones complejas, ocupa un espacio histórico desde finales del siglo IX comienzos del VIII a.C. hasta finales del II a.C. en que tuvo lugar su primer abandono, consecuencia de la presencia y dominación romana. En la actualidad conocemos que esta ciudad, en principio sin nombre, fue la antigua Gadir mencionada en los textos y la primera fundación fenicia en la Bahía gaditana. Su identificación ha constituido una de las aportaciones más importantes de estos últimos años, desmitificando una historia de casi 25 siglos. En su origen fue una ciduad costera, con un puerto bien definido en su flanco oriental. Años más tarde -en 1982- se halló la necrópolis, en una extensión de más de 100 Ha., con enterramientos monumentales tumulares, hipogeos y otros muchos de variadas características. Se ha documentado también una zona industrial, en la zona alta de la Sierra de San Cristóbal, dedicada en parte a la fabricación de vino, bajo los restos de un poblado indigena prefenicio, y una aldea aún más antigua del III milenio a.C. Otros elementos son de época romana bajoimperial. Cabe mencionar por su importancia, en la Edad Media, que sobre los restos turdetanos del Castillo de Doña Blanca, se han exhumado los elementos más antiguos conocidos islámicos, de comienzos del siglo VIII d.C. Y sobre ellos, los de época almohade de los siglos XI a XIII d.C. En suma, más de 4000 años de historia en el extremo occidental de la Sierra de San Cristóbal.

En la actualidad, este conjunto arqueológico ha adquirido una dimensión de carácter internacional y el referente histórico de la actividad fenicia en el Mediterráneo y en el Atlántico. Así es reconocida en el ámbito científico, y la ciudad fenicia es mencionada en todo tipo de trabajo científico sobre esta importantísima época histórica, que para Occidente significa el comienzo de la civilización europea.

8. FUENTE DE GALERAS.

Según se desprende de la inscripción que posee la Fuente de Galeras en su frente principal, fue construida por el maestro mayor don Bartolomé de Mendiola durante los primeros meses del año 1735, bajo el mandato de don Tomás Idiaquez, nombrado jefe supremo de la Bética por el monarca Felipe V. Con motivo de una de las estancias de sus majestades el rey Felipe V y su esposa Isabel de Farnesio en El Puerto de Santa María durante 1735, recordar que dicha ciudad era frecuentemente visitada por los monarcas españoles durante la época estival, tomó la decisión de adornar la ciudad con aguas surgidas de diversas partes, como recoge la inscripción anteriormente citada, con la finalidad de proveer a la flota y expediciones que se dirigían hacia las Indias y, a su vez, pudiesen ser admiradas por cuantos viajeros la contemplasen.

A pesar de su magnífica construcción arquitectónica y decorativa, el agua corría sin interrupción durante todo el día, provocando el que las calles se convirtiesen en un fangal produciendo malestar entre los vecinos y un grave perjuicio para la economía de la ciudad. Esta situación se mantuvo hasta mediados del siglo XIX, período en el que se comenzó a regular el agua de las fuentes existentes mediante grifos, y a crear toda una red de cañerías que pasarían por las cuatro fuentes principales que poseía la localidad: la de Galeras, la de la Cárcel, la de Santo Domingo y la de la Caridad.

Será también por aquel entonces cuando se construya la fuente de la Cárcel y se remodele la mencionada de Galeras. Precisamente durante el año 1842, el maestro mayor Diego Jilgueras le colocó a la citada fuente los seis grifos, el solado y el alicatado con losas de Tarifa y los dos escalones corridos también con la misma piedra.

Lo más significativo de dicha fuente es el remate en piedra a modo de cornisa donde se enmarca una especie de dosel pétreo cuyo motivo central, el escudo real, está flanqueado por dos leones rampantes envueltos por una decoración formada a base de roleos. Rematan dicha fuente cuatro jarrones esquineros y la corona real.

12. HOSPITAL DE SAN JUAN DE DIOS.

Desde 1492 se comienza a tener noticias en El Puerto de Santa María de la Cofradía de la Santa Caridad, denominada por aquel entonces de la Misericordia, posteriormente de la Misericordia y San Carlos Borromeo y, finalmente, a partir de 1668, de la Santa Caridad.

Continuando las pautas de la hispalense, creada un siglo antes, la hermandad portuense se propuso tener un hospital propio para asistir a los enfermos. Para ello le fue concedida, en primer lugar, la Capilla de San Andrés en 1675, pero debido a lo reducido de sus dependencias solicitó en 1679 otro lugar, en esta ocasión, junto a la ribera del Guadalete frente a la Aduana Ducal.

Su construcción se inicia en 1679, aunque hasta bien entrado el siglo XVIII, no se remataría el segundo cuerpo con sus magníficas enfermerías, escalera y oficinas conventuales, convertidas en la actualidad en dependencias municipales sin uso. Pero las estructuras fundamentales, es decir, la iglesia, el claustro y la escalera, son realizaciones del último tercio del siglo XVII. Según la historiografía tradicional, el edificio fue inaugurado en 1700.

13. ADUANA DE LOS DUQUES DE MEDINACELLI.

En los antiguos reinos españoles de León y Castilla, los derechos aduaneros se denominaban “Puertos secos” o de “Puertos Mojados”, según fueran percibidos por las aduanas terrestres o marítimas. Los árabes poesían un sistema aduanero progresivo, el “Almojarifazgo”, que Fernando III adoptó para el reino cristiano al conquistar Sevilla. En 1281, Alfonso X, con el “Privilegio de Mercaderes” otorgó la franquicia de mercancías extranjeras y suprimió las trabas interiores al tiempo que concedía el derecho de comercio a todos los puertos de Castilla.

La Aduana de El Puerto de Santa María tiene su origen en el siglo XVI, si bien su utilidad fue escasa para los ediles, ya que se adaptó para aduana ducal. El primitivo edificio fue inaugurado en 1579, sufriendo grandes transformaciones en cuanto a su arquitectura durante los siglos posteriores, sobre todo en la centuria decimonónica, momento en el que adquirió su fisonomía actual.

Situada en la avenida de Bajamar, esquina con calle Veneroni, la antigua Aduana del Puerto, en la actualidad Hostal Sherry, es un edificio de grandes proporciones con estructura rectangular de dos plantas y azotea. Su interior se organiza en torno a una hermosa escalera de buenas proporciones y doble rellano en el primer piso.

14. CASA DE LOS LEONES.

Denominada popularmente “Casa de los Leones” por los relieves de este animal que se hallan sobre las pilastras que enmarcan la fachada, también es conocida como “la Casa de la Placilla” por el espacio en que se ubica, zona clásicamente comercial próxima a la Plaza de Abastos o del Mercado. En la actualidad se utiliza como apartahotel.

Tradicionalmente se viene calificando a este edificio como la más representativa de las casas barrocas de la ciudad, e incluso se ha dicho que se trata de uno de los ejemplares más característicos de la arquitectura civil del barroco gaditano. Por varios rasgos y peculiaridades resulta un caso singular dentro del amplio número de casas-palacio de El Puerto que le hicieron recibir el apelativo de “Ciudad de los Cien Palacios”.

Su belleza e intenso barroquismo lo han convertido en un edificio pintoresco en el sentido literal del término. Especialmente la fachada ha sido motivo de inspiración para numerosos pintores que la han representado con distintas técnicas, perspectivas y visión personal. El interior contrasta con la fachada por su sencillez y sobriedad. La planta, tendente al rectángulo, se distribuye alrededor de dos patios separados por el núcleo de escalera.

Es indudable su valor artístico y la importancia de su conservación. Tras un periodo de abandono y deterioro progresivo, la rehabilitación del edificio en 1999 por parte de la familia Ojeda Lores, propietaria del inmueble, ha supuesto su recuperación, conjugando la adaptación para un nuevo uso funcional con la restauración respetuosa de las partes conservadas.

4. REAL PLAZA DE TOROS.

La tradición taurina de El Puerto de Santa María es una de la más firme y arraigada en España.

Razón tenía el torero Joselito cuando dijo aquella famosa frase que se recuerda en un azulejo en la puerta principal de la Plaza: "Quien no ha visto toros en El Puerto, no sabe lo que es un día de toros". Porque acudir a los toros en El Puerto es algo más, mucho más que asistir lisa y llanamente a un buen espectáculo taurino.

Fue construida por una Compañía, integrada por un grupo de ilustres patricios a quienes presidía D. Tomás Osborne Böhl de Faber -descendiente de la familia de la ilustre escritora Fernán Caballero-. Con motivo de la celebración del Centenario de la Plaza, se le dedicó otro azulejo, frente por frente al que recuerda la inolvidable frase de Joselito "El Gallo".

La inauguración tuvo lugar los dias 5 y 6 de junio de 1880 con una doble corrida en la que Antonio Carmona "Gordito", de Sevilla, y el cordobés Rafael Molina "Lagartijo", lidiaron toros de Anastasio Martín y de Saltillo. Bordador, llevaba como nombre el primer toro que se lidió en nuestra Plaza. Y aún luce su bien coronada testa en el antepalco regio del coso taurino.

Para conmemorar la inauguración del palco real por parte de S.M. el Rey D. Juan Carlos I se colocó en el pasillo de entrada un azulejo con el siguiente texto: "El 2 de agosto de 1998 S.M. el Rey D. Juan Carlos I honró con su presencia esta Plaza e inauguró el palco regio siendo Alcade-Presidente del Excmo. Ayuntamiento el Iltmo. Sr. D. Hernán Díaz Cortés y se corrieron toros de Jandilla que lidiaron los espadas Emilio Muñoz, Miguel Baez Litri y Manuel Díaz "El Cordobés".

Todas las épocas de la historia del toreo, todas las competencias apasionadas que ha establecido el clásico dualismo español, han cumplido años en la Plaza de El Puerto. Por eso, hacer historia de la Fiesta de toros en esta Plaza, es así como ofrecer un panorama de lo que ha sido, en el correr de los tiempos, la historia de la llamada Fiesta Nacional. Es, como escribiría el profesor Manuel Martínez Alfonso, “ofrecer, en un transparente catavino portuense, una olorosa copa de vino español”.

15. PALACIO REINOSO MENDOZA.

Actualmente dependencia del Ayuntamiento de El Puerto de Santa María, la Casa-Palacio Reinoso Mendoza tiene la típica estructura de las casas comerciales de los denominados “cargadores a Indias”. Presenta planta baja con patio central porticado, sólo en tres de sus frentes, un entresuelo, primer piso y ático. El patio, de planta rectangular, ofrece tres galerías con arcos de medio punto sobre columnas de mármol, en su lado mayor, por dos en los dos menores. Interesantes son los cimacios colocados sobre los capiteles, que hacen más esbelto el recinto.

El primer piso presenta una magnífica galería alrededor del patio central toda ella abalconada y casi sin ningún tipo de decoración, tan sólo un leve marco pétreo que flanquea sus vanos adintelados. Es la sobriedad lo que predomina en este primer piso. Sobre esta planta se ubica el ático, con cubiertas a dos aguas.

Pero lo más característico de este edificio es su fachada principal, grandiosa pero serena, y en ella su espléndida portada. Su arquitectura gana en belleza y elegancia, con respecto a otras de similares características, gracias a la decoración de los leones y roleos que flanquean el escudo heráldico colocado sobre el dintel de la puerta, así como por los fierentes motivos existentes en las metopas. De vano adintelado con orejetas, aparece flanqueada por columnas que apoyan sobre alto podium. El tercio inferior está decorado con motivos geométricos, y el capitel se corona con una serie de ovas de carácter clasicista. Sobre las columnas corre un potente entablamento y un friso con triglifos y metopas. Un amplio balcón adintelado con pilastras almohadilladas a los lados, sirve de culminación al conjunto.

Este edificio fue remodelado sin modificarse su fisonomía y estructura original, funcionado en la actualidad como sede del Ayuntamiento.

18. PALACIO DE ROQUE AGUADO.

La conocida popularmente como Casa de Roque Aguado se inscribe dentro del modelo de casas-palacio de El Puerto de Santa María. Su presencia contribuye a delimitar uno de los laterales de la Plaza del Polvorista, ordenando junto a la de Juan de Vizarrón todo el frente sureste de la citada plaza. Esta casa debió construirse sobre una ya existente por cuanto en la documentación gráfica datada en el primer tercio del siglo XVIII, ya aparece este frente de la plaza cerrado, si bien aún no figura la calle Aguado formada probablemente a raíz de la edificación del inmueble.

La documentación consultada permite saber que en 1784 D. Gaspar Aguado presenta un memorial al Municipio, solicitando construir un muelle a espaldas de “sus casas”, Plaza del Polvorista”. Del mismo modo, dos años más tarde, 1786, en la visita de inspección del Maestro Mayor de Albañilería Bartolomé de Ojea Matamoros para la concesión de licencia y acordelado del terreno para la elevación del muelle se cita esta casa como “Casas principales que esta fabricando D. Gaspar Aguado”.

El modelo de casa diseñado presenta la disposición propia de las casas palacio de la burguesía comercial: tres plantas organizadas en torno a un patio. No obstante, es la propia disposición del patio la que muestra una cierta alternativa. Muy sobrio, asentado sobre pilares, en vez de columnas, parece estar concebido como antesala de la casa.

La fachada de tres cuerpos, separada por cornisas y rematada por antepecho con remates piramidales, queda articulada por el eje formado por el vano de entrada, adintelado, en cuya clave figura el escudo de Gaspar Aguado, y el balcón que existe sobre él, que probablemente también tuviera algún tipo de decoración. En suma la fachada es de extrema sobriedad, únicamente rota por las barrocas molduras mixtilíneas que enmarcan los balcones de la planta principal. Recientemente ha sido remozada su fachada, teniendo en la actualidad un uso doméstico.

20. CASA DE LAS CADENAS.

(CASA DE DON JUAN DE VIZARRÓN)

La arquitectura civil portuense de fines del siglo XVII y principios del XVIII está representada principalmente por las casas de cargadores a Indias. Con el traslado de la Casa de Contratación de Sevilla a Cádiz, El Puerto de Santa María se convierte en uno de los centros más importantes en el comercio con América. Este fue uno de los principales motivos de la llegada a esta ciudad de numerosos comerciantes que se denominan “cargadores a Indias”, procedentes tanto de otras regiones españolas, como de otras naciones. En este sentido fueron principalmente navarros y vascos, junto a genoveses, napolitanos e ingleses, los que fijaron su residencia en la ciudad, construyendo ostentosos edificios. Uno de estos ejemplos lo constituye la casa palacio de Juan de Vizarrón. La fiebre constructiva que se apoderó de los cargadores a indias residentes en el Puerto en el último lustro del Seiscientos hizo que Vizarrón se dejase arrastrar por la corriente y comenzara a dar los pasos para levantar casa amplia en consonancia con su situación económica y social.

Al escasear los suelos en el casco antiguo de El Puerto, las miras constructivas de Vizarrón se volcaron hacia la marina, frente al río Guadalete, y no lejos de donde comenzaba a erigirse la fábrica del nuevo hospital de la Santa Caridad. El favor ducal le concedió el suelo que deseaba, pero no bastando para los proyectos iniciados, hubo de acudir a la ciudad en demanda de más terreno, inmediato al que ya poseía. Por fin el 7 de marzo de 1682 obtuvo la concesión de más terreno junto a los adquiridos posteriormente mediante compra al flamenco Guillermo Mel y a don Alfonso Ordóñez de Romana, por escritura ante don José Antonio de Urbaneja, el día 10 de abril de 1689.

Aunque un tanto maltrecha por el abandono, y haberse convertido en casa de vecindad subsiste esta magnífica construcción, con su fachada grandiosa pero serena, con portada adintelada de cantería con orejetas, flanqueada por columnas toscanas elevadas sobre alto podium, que sostienen el entablamento roto por incorporar el blasón del fundador, el cual aparece sostenido por sirenas. Esta bella portada, llena de equilibrio y moderación, está rematada por un amplio y volado balcón, cuyos herrajes recuerdan, en sus originales líneas, las construcciones coloniales.

En el interior se abre un gran patio porticado, cuyos arcos de gran luz descansan sobre columnas toscanas de mármol blanco. A un lado del patio se encuentra la escalera, de buena traza, que conduce a la planta noble. Esta escalera de proporciones amplísimas y ancho rellano, conservó hasta hace pocos años el suntuoso barandal de caoba formado por columnas salomónicas típicas de las casas portuenses en esos momentos. El piso alto, destinado a las habitaciones de los señores, apenas si conserva su antigua estructura, con los atajos y tabiques que la necesidad de adaptarlo al impuesto por su actual destino.

En cuanto a los entresuelos, que según lo estilado en este tipo de casas se destinaban a oficinas, se tenía accesos a ellos por medio de una escalera en uno de los ángulos del patio.

A esta casa palacio se la conoce popularmente como “Casa de las Cadenas”, por haber residido en ella la Corte de Felipe V durante su estancia en El Puerto en 1729, fecha de la que existe una Real Cédula (Cabildo de 17 de septiembre de 1736) concediendo a don Juan de Vizarrón el permiso para poner en la puerta de su palacio “Cadenas según estilo”. En el patio existe una lápida con el texto siguiente: “En este palazio/habitaron S.M. D. Phe/lipe y Dª Isabel farne/cio en los años/de 1729 y 1730”.

21. ANTIGUA LONJA.

La historia constructiva de las Lonjas se remontan al siglo XIV, edificándose por aquel entonces según las formulaciones góticistas. Las más antiguas presentaban una sencilla estructura. Eran locales abiertos, generalmente de planta rectangular, con techumbres de madera o a doble vertiente sostenida por arcadas de medio punto y apuntadas, preferentemente sobre columnas. En cuanto a su funcionalidad, puede decirse que eran lugares destinados para reuniones periódicas de comerciantes, en la que realizaban sus contratos sobre mercancías. En el caso de la Lonja portuense para el pescado, fletes y seguros marítimos.

La Lonja de El Puerto de Santa María se levantó a finales del siglo XVII, concluyéndose su construcción en 1776. De este edificio se conserva únicamente la antigua fachada de soportales realizada con sillares de piedra ostionera. Está formada por siete arcos, de medio punto los laterales y escarzano central, que apoyan sobre pilares. A ambos lados se abren ventanas y puertas adinteladas, con orejetas, ménsula en la clave y especie de frontón curvo terminado en volutas, en cuyo centro existen jarras, como remate. Una cornisa carente de decoración, la cual presenta inflexión al centro, da paso a un primer cuerpo con balaustrada cegada, y especie de piñón con un pez en relieve, como recuerdo de una de las funciones de la Lonja. Sobre este, el blasón que usaba hace un siglo y medio el Cabildo Municipal, formado por el Castillo de San Marcos sobre cuyas torres se posa la Virgen de Los Milagros, patrona de la localidad.

A cada lado de los arcos que forman los soportales, se encuentran dos ventanales provistos de decoración de ménsulas y guirnaldas, alcanzando el conjunto un regusto barroco gracias al movimiento de la cornisa y el remate curvilíneo y piramidal de la fachada.

En la actualidad alberga distintos locales de ocio.

17. PALACIO DE ARANIBAR.

Este palacio portuense es el más antiguo dentro del grupo de las denominadas “casas de cargadores a Indias”. Situado en la Plaza de Castillo, perteneció al ilustre cargador don Juan de Araníbar, fundador del Hospital de Mujeres del Amparo y San Sebastián, hoy desaparecido. La fachada principal del inmueble, de gran sobriedad estructural, se abre a la citada plaza, articulándose en tres plantas separadas por cornisas. En el centro, se ubica la portada, con vano adintelado, flanqueado por columnas toscazas pareadas que apoyan sobre podium. En la clave, blasón familiar y sendas cartelas con la inscripción “AÑO 1660”. Remata este primer cuerpo en friso con triglifos y metopas decoradas, y cornisa que sirve de apoyo al balcón, abierto en el segundo cuerpo. En éste se abre un vano adintelado entre pilastras jónicas, rematadas en frontón triangular, roto por la incorporación de un hueco donde se ubicaba un escudo de mármol, desaparecido poco antes de las obras de rehabilitación efectuadas en el inmueble. Una vez traspasada la puerta principal, se accede a un zaguán cubierto por sencillo artesonado con vigas sobre zapatas. A través de aquel se ingresa en el patio, de planta cuadrada con cuatro galerías de arcos de medio punto sobre columnas toscazas de mármol. Las enjutas quedan decoradas con triángulos y, sobre éstos, triglifos con gotas. Sobre esta planta baja, se levanta una segunda con balcones adintelados carentes de decoración. La escalera presentaba unos pasamanos de cedro con balaustres tallados. Las puertas también eran de cedro y los balaustres se decoraban en bronce y en hierro en el caso de los balcones. Muy interesantes son los artesonados que aún se conservan en su interior. Así, en uno de sus amplios salones, hoy habilitado como Sala de Justicia, existe un magnífico artesonado de tradición mudéjar a cuatro aguas, con casetones de forma estrellada, alfayate de doble lazo decorado con una piña en forma de estalactita en su centro, y tirantes angulares decorados con estrellas sobre ménsulas en esviaje.

3. MONASTERIO DE LA VICTORIA.

Su fábrica se comenzó en 1504, y en 1517 se debió entregar a los Mínimos de San Francisco, frailes que gozaron de grandes privilegios desde la fundación de la orden. No se sabe con exactitud la fecha de instalación de estos monjes en nuestra ciudad -la primera de las ordenes religiosas masculinas que se instaló en ella-, pero sí que los Mínimos, en su expansión por Andalucía se hallaban en El Puerto en 1502. En 1506 ya estaban instalados bajo el mando de Fray Marcial de Vizines, electo provincial que seria quien en 1517 recibió la donación del edificio que el Duque D. Juan de la Cerda hizo a la comunidad. Según el historiador local Hipólito Sancho el santuario tuvo en principio un origen distinto al que luego se le dio, que era el de panteón de los duques de Medinaceli, entonces señores de la ciudad, por lo que se financió en un primer momento con el patrocinio ducal y más tarde con aportaciones municipales. Así consta en la lápida que se encuentra a la entrada de la iglesia que dice así: "J.H.S. María / Esta obra mandaron facer los muy ilustres sennores don Juan de la Cer / da y Donna Mencia Manuel Duques de Medinaceli, Condes del Puerto de Santa / María. Començose siete de junio anno del nas/cimento de nuestro Salvador Jesuchristo de mil quinientos cuatro annos".

Las aportaciones del Duque D. Juan y los recursos de la comunidad permitieron hacer, a lo largo de los años, un edificio suntuoso sin la mezcla chocante de varios estilos, como era tan común en los edificios de la época, resultando un interesante ejemplo de gótico tardío por estas tierras, a los que no le faltan algunos elementos renacentistas.

El Monasterio consta fundamentalmente de tres elementos: iglesia, claustro y salas capitulares.

Iglesia

El más fundamental es su fachada, muestra exquisita del arte ojival. Está compuesta de dos grandes machones piramidales adornados con columnillas ojivales adosadas. Entre ambos hay un arco conopial que tiene en su vértice un escudo con las armas de La Cerda: el castillo y el león rampante de las armas reales de Castilla y las tres flores de lis de Francia. Como en otros muchos edificios construidos por esa época, el ascendiente sevillano, sobre todo en el templo, alcanza no sólo a su estructura sino también a la inspiración de muchos de los motivos que la decoran, fundamentalmente la portada, concebida a modo de retablo, con abundantes elementos decorativos góticos y vegetales típicos de los últimos años del siglo XV. De características similares a las de otras iglesias jerezanas del mismo estilo y a la Puerta del Perdón de la Iglesia Mayor Prioral, lo que hace pensar en el mismo autor de esta última.

El tímpano de la puerta se halla partido en dos mitades por una hornacina que debió albergar la imagen de Nuestra Señora de la Victoria, titular del Monasterio. De la portada lateral del templo solo quedan restos.

El interior es de una sola nave, carece de crucero y tiene ocho capillas laterales amplias, cuatro a cada lado, y la ducal, situada a la derecha del Evangelio y comunicada con la iglesia por una pequeña puerta. Cada una de las capillas tenía su advocación propia.

La cabecera de la iglesia alberga la capilla mayor. A los pies destaca el coro, apoyado en un gran arco rebajado con bóveda estrellada.

Son muy notables las cubiertas en la que vienen a coincidir armónicamente elementos de dos estilos: el gótico, que fenece y el renacimiento que lo sustituye. Las nervaduras van desde las simples ojivas de las capillas laterales a las de terceletes, el complicado esquema de la nave central o el más elaborado de la cubierta estrellada del presbiterio.

El sistema de equilibrio del templo es de arbotantes y botareles, desacostumbrado en esa época en la que ya se usaban contrafuertes.

La iglesia del Monasterio fue una de las más frecuentadas, gozó de gran popularidad y en ella se instalaron cofradías penitenciales de gran devoción como las del Santísimo Cristo de la Humildad y Paciencia y la de Nuestra Señora de la Soledad.

Claustro

Es un gran patio cuadrado con galerías en sus cuatro lados. Estas cuentan con todo un repertorio de motivos ornamentales en las claves de las bóvedas, de crucería sencilla, y las ménsulas de apoyo de sus nervaduras. El claustro es una pieza notable. Su construcción se inicia en el gótico, a finales del siglo XV y principios del XVI, contemporáneamente con la del templo. Así, el piso inferior lo forman cuatro pórticos de arcos ojivales peraltados. En este cuerpo inferior hay que destacar los enormes contrafuertes en que descansan los arcos, perforados en su parte inferior por un vano enmarcado por arco conopial, que deja paso a una persona. Sobre uno de ellos, las armas de los patronos. Este primer cuerpo es de estilo gótico y el cuerpo alto tiene elementos renacentistas, en el que se observan claramente dos fases de construcción con distintos detalles decorativos. Y aún hay una última intervención en que los grandes vanos de las arcadas altas se transforman en óculos o ventanas.

Refectorio y Salas Capitulares

Aunque Existió un refectorio primitivo, el que se conserva en la actualidad fue encargado a Francisco de Guindos, maestro mayor de la ciudad, según acuerdo de 24 de diciembre de 1699, por el que se comprometía a la construcción de una Sala Capitular. En realidad, son dos, pero una, la más cercana al templo, es la Sacristía. Ambas salas capitulares están contiguas al refectorio, que fue finalizado en 1700.

Otra pieza significativa del edificio es la torre, que sirvió como campanario y está compuesta de dos cuerpos. Desde su fundación, este edificio ha pasado por diversas vicisitudes: su primer destino a panteón ducal que más tarde sería alterado, la invasión angloholandesa de 1702, la riada que siguió al terremoto de 1755, la invasión napoleónica en que fue expoliado y la posterior secularización debido a la desamortización de Mendizábal. En el siglo XVIII fue sede de estudios teológicos y artísticos, y en el XIX, seminario y noviciado jesuita. Más tarde su destino para hospicio, albergue y hospital de heridos de guerra, y el establecimiento en él de un Centro Penitenciario desde los primeros años del siglo XX. El Monasterio es un edificio declarado Bien de Interés Cultural y en la actualidad se ha recuperado como elemento del paisaje urbano local, rescatándolo del anonimato en el que se encontraba hasta hace pocos años y se le quiere volver a su antiguo esplendor monumental.

7. JARDÍN BOTÁNICO DE LA VICTORIA.

Actual Hotel Duques de Medinaceli

Es éste un jardín recoleto, silencioso, un jardín para la lectura bajo sus árboles centenarios. Un jardín que nos lleva a las declaraciones de amor de la burguesía de finales del siglo XIX, cuando el tiempo pausado de las gentes pudientes permitían mil y un juegos florales con el idioma y con el aroma de los jazmines. Tiene como nota fundamental lo que era calidad de vida en aquella época y hoy un verdadero privilegio: el silencio, la intimidad, los aromas frutales, la embriaguez de la dama de noche y la alegría visual de la jacaranda. Todo ello en el centro de una ciudad histórica que no ha perdido su identidad, El Puerto de Santa María.

Entre sus más de 5.000 metros de la arboleda destacan: la araucaria excelsa, con más 150 savias (años), las acacias robinias, ya señoras mayores de igual edad, y una de ellas partida en su día por un rayo que revitalizó todas sus ramas, el paraíso o melia, con cerca de 100 años, la palmera datilera, que como en las Mil y una Noches, se pierde en el cielo estrellado de agosto, los múltiples magnolios grandiflora y las jacarandas que son un espectáculo visual de la primavera, vestidas de morado, y que cubren el albero. Jacarandas y palo santo que son las mejores maderas para los instrumentos de cuerda, siendo la jacaranda la preferida para la construcción de la guitarra flamenca. Destaca en el jardín una cica revoluta macho, una especie de helecho con forma de palmera y un fruto enorme en su centro, vestigio de su antiquísima procedencia desde el Jurásico y símbolo de su alta toxicidad, defendida por las pinchudas hojas. Una variedad de hibiscum, la altea, que es un arbusto caducifolio, se enseñorea entre uno de los bancos con un color extraño de rosa desvaído y una flor compuesta. El palo borracho, de flores bellísimas y curioso tronco con ronchas y espinas se cubre de magníficas flores en primavera. El jazmín celeste y el jazmín moruno deleitan con su sencillez y su aroma penetrante las noches del verano y acompañan a los amantes en su viaje por las estrellas de este magnífico hotel.

6. EL VAPOR DE EL PUERTO.

La Historia de las motonaves “Adriano” se remonta al año 1929 cuando el primero de ellos comienza a cubrir el servicio Sanlúcar de Barrameda-Sevilla a través del río Guadalquivir con motivo de la Exposición Iberoamericana celebrada en Sevilla. Ese mismo año estalla el barco a vapor “Cádiz” en el muelle de las Galeras Reales, suceso a raíz del cual llega a nuestra ciudad para cubrir la línea de pasajeros El Puerto-Cádiz. Desde entonces va prácticamente casi a diario a Cádiz, excepto cuando hace un fuerte viento de Poniente.

El Adriano I fue construido a principios de siglo en los astilleros de la playa de Mañinos por Antonio Fernández Fernández y estuvo haciendo durante varios años la travesía de la Ría de El Ferrol hasta 1929. El Adriano II se comenzó a construir igualmente en Mañinos en 1932, también bajo la dirección de Antonio Fdez Fdez, llegando a El Puerto a principios de la Guerra Civil, y sería pilotado por los hermanos José y Eduardo Fernández Sanjuan, mientras que su padre y sus hermanos pilotaban el Adriano I que realizó su último viaje en 1955 cediéndole el sitio de esta forma al actual Adriano III. La nueva motonave sería encargada a los astilleros de San Adrián, en Vigo, por los hermanos Eduardo, José y Juan Fernández Sanjuan, estos dos últimos han sido los patrones –alternándose- del Vapor. El Adriano II atracaría en 1982 por última vez en el muelle de San Ignacio. El Vapor, sigue siendo conocido por este nombre a pesar de que funciona con motores de explosión ha recogido la tradición de comunicación naval que se remonta a tiempos de los fenicios cuando Cádiz era una isla y necesitaba un puerto de contacto con la península. Barcas, veleros, vapores y motonaves han hecho un surco marítimo a lo largo de los siglos entre Cádiz y El Puerto.Entres sus maderas se han vivido muchas historias, desde quedarse en plena Bahía una noche por la niebla –hará de esto unos veinte años- cuando no se contaba con radiotelefonía o como en otra ocasión cuando uno de sus tripulantes quiso ayudar a una señora e introducir a su hijo en el barco, cayendo finalmente los dos al agua. Por otro lado, destacar que por él han pasado infinidad de famosos, políticos, artistas, etc y se han rodado las películas “La Lola se va a los puertos” y “La Becerrada”.

Hoy en día y tras medio siglo, los viajes en el Adriano se han convertido en un atractivo más de la ciudad.

9. FUENTE DE LA CÁRCEL.

La Fuente se edifició como un pilar de planta octogonal a modo de templete, siguiendo las pautas del neoclasicismo. Se asienta sobre un zócalo en el que se eleva el cuerpo, almohadillado, cuyos ángulos aparecen reforzados por pilastras jónicas, entre los cuales se ubican tondos. Sobre él un entablamento con el friso decorado con triglifos y cornisa pronunciada da paso a una media naranja que remata el conjunto. Constaba de cuatro grifos, que daba su distribución octogonal, facilitaban las tomas de agua evitando aglomeraciones.

10. ANTIGUO PÓSITO.

Los pósitos eran construcciones de tipología industrial cuya misión era almacenar el grano excedente de las cosechas como reserva para épocas de penuria. Dentro de este grupo se establecían tres modelos: los pertenecientes a la nobleza, los municipales y los eclesiásticos, también llamados cillas, los cuales habitualmente se complementaban con otro tipo de funciones. Los municipales, entre los que se encuentra el de El Puerto de Santa María, solían tener una distribución característica que venía dada por la propia funcionalidad del edificio.

El de El Puerto de Santa María, según consta en una inscripción que corona su portada, se edificó en 1741. A lo largo del tiempo debio recibir diversas modificaciones, tanto desde el punto de vista ornamental como funcional. Así existe constancia que en 1750 se colocó un ratablo de madera a la imagen de la Imaculada Concepción que existía sobre “el balcón del Pósito”. Del mismo modo en 1761 se estaba ejecutando un proyecto de ampliación en la zona que daba a la calle Pozuelos.

En la actualidad sólo queda la portada. Está labrada en cantería y consta de dos cuerpos. El inferior presenta vano adintelado que soporta una cornisa sobre la que se desarrolla el segundo cuerpo formado por una baquetón mixtilíneo que encierra un escueto programa inconográfico compuesto por un relieve de la Patrona de la ciudad, la Virgen de los Milagros, y una inscripción relatando la filiación del edificio.

11. TORRES VIGIAS.

Junto a las “casas de cargadores a Indias” de fines del siglo XVII y comienzos del XVIII, se construyen en El Puerto de Santa María diferentes residencias aristocrátas bajo el patrocinio de personajes adinerados a quienes gustaban vivir en casas acorde con sus riquezas. En cuanto a la estructura de estas casas varía un poco con respecto a la de los comerciantes. Disponían algunas de estas casas de una torre mirador desde donde se observaban la llegada y salida de los barcos y el movimiento comercial. Estas torres se constituyen como una de las estructurs arquitectónicas más características de la bahía gaditana.

16. PALACIO DEL AMIRANTE VALDIVIESO.

Este palacio portuense, responde a la tipología de “casa de cargador de indias”, que tan en boga se puso en la ciudad desde mediados del siglo XVII. El artífice de la obra fue el arquitecto Pedro Mateos de Grajales, autor entre otros del extinguido Ex-Convento de Santo Domingo. El edificio contruido en el último tercio del siglo XVII. Presenta planta rectangular, con patio central que articula las distintas dependencias. De especial interés son las pinturas murales, recientemente restauradas, que se localizan en lo que debió ser la antecámara de los dormitorios, conjunto pictórico que puede fecharse hacia 1687 o 1688. En uno de sus muros se representa el tema de la Inmaculada, cuyo estilo e iconografía responden a los esquemas empleados en la segunda mitad del siglo XVII. Actualmente es sede de la Concejalía de Urbanismo del Ayuntamiento de la ciudad.

19. PALACIO DEL PURULLENA.

Agustín Ramiro de Ortuño fue uno de los claros ejemplos del desarrollo de la burguesía mercantil gaditana durante el siglo XVIII. Nacido en 1694 en Nápoles, en la década de los treinta del siglo siguiente aparece ya afincado en Cádiz, relacionado con actividades comerciales con Indias. El proceso de enriquecimiento habitualmente llevaba aparejado la necesidad de obtener carta de nobleza. Y así en 172 obtuvo la ejecutoria de hidalguía y licencia para fundar Mayorazgo. Unos años después compró el título de Marqués de Villarreal y el Señorío de Purullena. Una vez adquirida la casa palacio, el marqués, debió iniciar un proceso de reformas del que nada se sabe a excepción de unas obras efectuadas en 1753 en la parte trasera del edificio. Actualmente está prácticamente restaurado y es sede de la Fundación Luis Goytisolo.

25. ANTIGUO CONVENTO DE LAS CAPUCHINAS.

(Actual Hotel Monasterio San Miguel).

La fundación del Convento portuense estuvo íntimamente unida al desarrollo religioso del Convento sevillano de Santa Rosalía. Sor Josefa de Palafox y Carmona pensó en fundar un convento de la mismo Orden en El Puerto de Santa María. Sin embargo, será su sucesora, Sor Clara Gertrudis Pérez, quien tras su muerte en 1724 llevase a cabo todos los trámites para la ansiada fundación. En 1727 conseguirá la licencia necesaria para llevarlo a cabo de manos del Señor de El Puerto, Don Nicolás de Córdoba y de la Cerda, Duque de Medinaceli. Tres años después, en enero de 1730, cuando ya la ciudad pertenecía a la Corona, se produce el traslado de las primeras religiosas desde Sevilla. Seis religiosas, procedentes del Convento de Santa Rosalía de Sevilla fundan el nuevo Convento de la Orden de Clarisas de San Miguel, más conocido como de Las Capuchinas. En principio se hospedarán en el Convento de la Concepción y más tarde en la Ermita de Santa Lucía. El favor del Arzobispo D. Luis Salcedo y Azcona y las donaciones particulares, permiten la compra de los terrenos del nuevo convento en la Calle Larga. La primera piedra se colocó el 24 de septiembre de 1733, bajo el mando del Maestro Andrés de Paniagua y el Sindico D. Francisco de Vos. La inauguración se produjo en el año 1736, celebrándose los actos con una espectacular procesión en la que participaron las autoridades civiles y religiosas de la ciudad. Las monjas se instalan en él, el 25 de agosto de ese mismo año, una vez quedaron concluidas las celdas en las que iban a residir. La iglesia se concluye en 1747, culminándose las labores con el dorado del Retablo Mayor en 1754.

Las monjas, a finales del siglo XX abandonan este edificio, que pasa a pertenecer al Ayuntamiento, siendo adquirido posteriormente por el Grupo Jale, que en el año 1989 lo convierte en el actual Hotel Monasterio de San Miguel. Este hecho provoca un cambio importante en la fisonomía del edificio, aunque las estructuras fundamentales se van a conservar.

26. IGLESIA MAYOR PRIORAL.

Su fábrica está documentada desde 1486, coincidiendo con la etapa de apogeo constructivo que fomentan los duques de Medinaceli, señores jurisdiccionales de la villa y promotores de esta obra. Como la propia catedral de Sevilla, la iglesia está construida con piedra arenisca procedente de las canteras de la Sierra de San Cristóbal, de la que se abastecieron muchas obras portuenses. El primer maestro de obras de la iglesia del que se tienen noticias es Alonso Rodríguez, que trabajaba por entonces en la catedral de Sevilla y en otras iglesias de la diócesis, algunas de ellas en Jerez, y probablamente algo después, en el Monasterio de la Victoria portuense, de financiación ducal. En estos edificios se detectan elementos arquitectónicos similares a los de esta iglesia Prioral de El Puerto, fundamentalmente en las portadas, con notables influencias sevillanas. En 1493 el edificio se encontraba abierto al culto, aunque tardaría años en concluirse.

La iglesia Mayor Prioral cuenta con tres naves cubiertas con bóvedas nervadas -la central de mayor altura y anchura que las laterales- más dos de capillas. Posee amago de crucero y ábside pentagonal. SU primitiva construcción es gótica. De la primera etapa destaca la fachada de los pies, conocida como Puerta del Perdón, sin concluir, y que presenta rasgos estilísticos del gótioco tardío, similares a la portada de la iglesia del Monsterio de la Victoria. A partir de finales del siglo XVI se construyen las capillas entre las que podemos destacar la de la Patrona, la Sacramental -reformada en el siglo XVIII-, o la de los Varela o Benavides entre otras.

En los comienzos del siglo XVII se fueron produciendo ruinas, desplomándose la nave principal y quedando el resto del edificio en muy malas condiciones ya en 1636. A partir de ese momento se acomete una nueva edificación del templo a cargo de Antón Martín Calafate, que recibió las obras en 1647 y utilizó en su construcción restos de la iglesia antigua que aún se conservaban, como eran los muros exteriores, el ábside y algunas capillas.

Poco después, a partir de 1659, fue el nuevo maestro mayor de la ciudad Francisco Guindos,quien se hizo cargo de la obra, inaugurando el templo reconstruido, aunque no defiinitivamente terminado, en 1671. En esta segunda etapa de la construcción es cuando se levantan las bóvedas de crucerías y se abren algunas capillas como la de las Ánimas o la Sacristía Mayor. También a esa época corresponde la apertura de la puerta lateral o del crucero , conocida como la Puerta del Sol, interesante ejemplo de fachada-retablo con elementos decorativos platerescos y barrocos. En una hornacina del cuerpo alto esta portada alberga la imagen de la Patrona, la Virgen de los Milagros, sobre el Castillo de San Marcos, el símbolo del escudo de la ciudad.

En el interior del templo, a finales del siglo XVII se sustituiría el antiguo retablo del altar mayor por un baldaquino monumental de estilo neoclásico, obral del arquitecto Torcuato Benjumeda, de características similares al de la catedral de Cádiz. En el siglo siguiente se colocaron las vidrieras y se hicieron también algunas reformas en capillas. Merecen destacarse, además de las obras artísticas que se encuentran en sus capillas, la Sillería del Coro, el órgano del siglo XVIII, la forja y las interesantes pinturas y piezas de orfebrería del tesoro.

27. IGLESIA DEL EXCONVENTO DE SAN FRANCISCO.

El Convento de San Francisco fue fundado por el Duque de Medinaceli, don Juan de la Cerda, en 1517, erigiéndose sobre la Ermita del Santísimo Cristo. Un segundo impulso importante en la construcción del cenobio debió producirse en torno a 1606 y 1610. Desde ese momento, la orden fue comprando distintas casas y terrenos a vecinos de El Puerto. Así, en 1627, adquiriría unas casas de doña Juana de Hinojosa y otras del Baltasar González. Un año más tarde se hacía lo propio con dos de Isabel Cubián. Aparte de las compras, hubo también donaciones, como la una de cochera propiedad de don Juan Villalobos en 1644. Aún en 1650 poco es lo que se había adelantado respecto a su edificación. En ese año, fue cedido el convento por la Corona al Duque de Medinaceli, quien se convirtió en su principal patrocinador. Actualmente se conserva la iglesia conventual y algunas pequeñas dependencias anexas a la misma. La iglesia, bajo la advocación de San Miguel Arcángel, la trazó el maestro mayor de los duques Martín Rodríguez de Castro, vecino de Sanlúcar, siendo el cantero Cristóbal de Liébana el encargado de ejecutar las obras. En esta nueva planta fue respetada la antigua capilla mayor, obra del arquitecto Pedro Díaz de Palacios. Parece que en 1605 también intervino Alonso de Vandelvira. En el plano escultórico, destacan las imágenes de San Francisco Javier y San Ignacio de Loyola, situadas a ambos lados de la capilla mayor, realizadas por el escultor cordobés Juan de Mesa durante el primer tercio del siglo XVII, las cuales proceden del exconvento sevillano de San Laureano. El retablo mayor, de estilo barroco realizado en el siglo XVII, sigue la forma de la propia capilla, manteniendo la estructura impuesta por el escultor Cayetano de Acosta a mediados de la centuria, en la que se superponen Sagrario, Manifestador y camarín central. Finalmente, en el plano pictórico, este templo posee una colección de copias decimonónicas de obras realizadas por los grandes maestros de la escuela sevillana del XVII. Interesante es también el lienzo realizado en 1900 por el pintor Angel Sevillano, ubicado en el testero de la cabecera, en el lado del evangelio.

28. CONVENTO DE LAS ESCLAVAS DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS.

Fundado como Hospital de la Misericordia, perduró como tal hasta 1659, pasando a ser Hospital de la Orden de San Juan de Dios en diciembre de 1660. A manos del Ayuntamiento llegó el 28 de enero de 1847. Finalmente fue donado para el establecimiento en él de un Convento de las Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús, funcionando hoy como colegio.

El edificio presenta dos elementos que le confieren su significado: la iglesia y el patio. El templo, de planta rectangular, es de tres naves y coro alto a los pies, con media naranja en el crucero sobre pechinas carentes de decoración. Las naves laterales están cubiertas con bóvedas de arista y la central con lunetos. Sobre ellas corre una tribuna con balcones hacia la nave central. Posee en coro alto a los pies de la misma, iluminado por un óculo que da a la fachada principal. Respecto a los bienes muebles del convento destaca el retablo mayor, magnífica estructura arquitectónica barroca del siglo XVIII, que se extiende cubriendo toda la cabecera del templo.

22. MUSEO RAFAEL ALBERTI.

La Fundación Rafael Alberti tiene su sede en un edificio de dos mil metros cuadrados que contiene la donación hecha por Rafael Alberti y su primera esposa María Teresa León a la ciudad natal del poeta, uno de los máximos representantes de la Generación del 27. En esta casa, en la que vivió de niño, hay depositada una colección de fondos que abarcan un siglo de la historia de España: manuscritos, cartas, pinturas, documentos audiovisuales, distinciones, así como una magnífica biblioteca.

El 23 de Abril de 1977, tras treinta y nueve años de exilio –veinticuatro en Argentina y casi quince en Italia- Rafael Alberti regresa a España. Al descender del avión sus primeras palabras fueron: “Yo me fui con el puño cerrado y vuelvo con la mano abierta en señal de concordia entre todos los españoles”. Hoy, su nombre está ligado a los acontecimientos culturales, políticos y sociales más destacados de nuestro país, desde su filiación al Partido Comunista, su colaboración junto a su primera esposa María Teresa León y otros intelectuales en el salvamento del Tesoro Artístico Nacional, su labor en la Alianza de Intelectuales Antifascistas durante la Guerra Civil, hasta llegar a presidir, junto con Dolores Ibárruri, las primeras Cortes Democráticas.

Rafael Alberti ha llenado con sus versos las páginas más importantes de la poesía contemporánea. Su pertenencia a la mítica Generación del 27 lo liga al grupo de mayor esplendor poético del siglo XX, que él ha ido atravesando con una ética y dignidad ejemplares, que se ha visto reconocida con numerosos premios entre los que destacan el Nacional de Literatura, el Lenin de la Paz, el Nacional de Teatro y el Cervantes de Literatura.

La exposición Rafael Alberti: Un siglo de creación viva, inaugurada por los Reyes de España, muestra en un ameno recorrido cronológico la biografía del poeta que surge de los amplios paneles con fotos, dibujos y poemas caligrafiados. En ellos, la mítica vida de Rafael Alberti, su obra literaria y pictórica, su irrenunciable compromiso político, sus treinta y nueve años de exilio en Francia, Argentina e Italia, quedan reflejados con rigurosa fidelidad. Desde su primer libro de poemas, Marinero en tierra (1924), hasta Canciones para Altair (1989) y su último volumen de memorias, La Arboleda perdida (1996), su obra ha sido ejemplo de una intensa vida dedicada con plenitud a la creación artística.

La ya legendaria y universal figura de Alberti es una de las más relevantes de nuestra historia reciente: por su extraordinaria obra, por su participación y consecuencia política, por su solidaridad, por la nostalgia y prolongada lealtad que durante su exilio demostró hacia España.

23. MUSEO PEDRO MUÑOZ SECA.

La Fundación Pedro Muñoz Seca se constituyó el 11 de marzo de 1995. Entre sus patronos figuran descendientes directos del autor portuense y el Excmo. Ayuntamiento de El Puerto de Santa María.

La sede de la Fundación Pedro Muñoz Seca se encuentra instalada en la que fuera vivienda familiar del autor teatral, una finca urbana del siglo XIX situada en el casco histórico de El Puerto de Santa María (c/ Nevería, nº 48), reconocida como Casa-Museo por la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía.

Pedro Muñoz Seca se convirtió durante los años 20 y 30 del siglo XX en uno de los autores con más éxito y más representativo del teatro de principios de siglo, equiparable a otros autores de su época como los hermanos Joaquín y Serafín Álvarez Quintero, Carlos Arniches, e incluso, al Premio Nobel de Literatura, Jacinto Benavente.

Muñoz Seca nació en El Puerto de Santa María (Cádiz) el 21 de febrero de 1879 en el seno de una numerosa familia. Respecto a su fecha de nacimiento, el propio autor creó un equívoco situándola en 1881 por su peculiar afición a los números capicúa. Los estudios primarios los realizó en el Colegio de San Luis Gonzaga, perteneciente a los Padres Jesuitas, donde fue compañero de estudios de Juan Ramón Jiménez y Fernando Villalón. Una vez finalizados sus estudios en El Puerto se trasladó a Sevilla, donde cursó Filosofía y Letras y Derecho concluyéndolos en 1901. Durante esta época de estudiante, Muñoz Seca ya demostró inquietudes artísticas estrenando entre 1898 y 1899 las primeras obras de teatro en su ciudad natal: República estudiantil, Un Perfecto de pasivas o El señor de Pilili. Será en el último año del Siglo XIX coincidiendo con su estancia sevillana cuando el joven autor teatral ponga en escena Las Guerreras, en el Teatro del Duque.

A partir de 1911, la figura de Muñoz Seca se consolida como autor teatral.

Tras el estreno de La venganza de don Mendo, su popularidad alcanzó las cotas más altas y su producción teatral fue muy abundante, cosechando grandes éxitos: La pluma verde (1922), Los chatos (1924), La tela (1925), Los extremeños se tocan (1927) “opereta sin música pero con cantables y evoluciones”; todas estas obras en colaboración con Pérez Fernández. En su obra hay una cierta evolución porque abandona el costumbrismo de los Quintero y se afianza en la astracanada con cierto acercamiento a la alta comedia.

Ni la férrea crítica de su tiempo ni la posterior niegan el ingenio, la gracia inimitable, la capacidad de comunicación y su dominio de la “carpintería teatral” en la que fue un auténtico maestro. La gran aportación del teatro de Muñoz Seca está en la ruptura que supone el astracán y en el precedente del teatro del absurdo que se desarrollará en la posguerra española gracias a figuras como Miguel Mihura, Jardiel Poncela, ...

La Fundación que lleva el nombre del autor teatral portuense, se ha convertido en un centro cultural de gran importancia donde se alberga el legado del autor, un centro de documentación y una Exposición Permanente "Pedro Muñoz Seca: el humor dentro y fuera del teatro" en la que se da a conocer la figura del genial comediógrafo, y se muestra su amplia obra e importante legado y reconoce su aportación al teatro cómico español contemporáneo. Todo ello en un recorrido por su vida y su obra salpicado, como no podía ser de otra forma, con el humor que él derrochó en ambas.

24. MUSEO MUNICIPAL.

El Museo Municipal es el centro público local encargado de conservar, restaurar y difundir los más destacados bienes arqueológicos, artísticos y etnográficos del Patrimonio Histórico Portuense. Desde 1982, año en que se abrieron sus puertas, el Museo Municipal viene desarrollando sus secciones de Arqueología y Bellas Artes, disponiéndose en la actualidad a iniciar la formación de la Sección Etnológica.

En lo que a su organización se refiere, el Museo cuenta con una Dirección, un Departamento de Conservación y Restauración y un Servicio de Pedagogía y Difusión. Desde 1992, el Museo se halla orgánica y administrativamente integrado en la Concejalía de Cultura del Excmo. Ayuntamiento de El Puerto de Santa María. Su sección de bellas artes se compone fundamentalmente de obras pictóricas y escultóricas de artistas locales contemporáneos: Francisco Lameyer, Eulogio Varela, Enrique Ochoa. De los artistas coetáneos cuentan los fondos museísticos con obras de Rafael Alberti, Ricardo Summers, Juan Lara, entre otros. También cuenta con esculturas estructuralistas del prestigioso Fernando Jesús, y obras de Pablo Tejada. Su sección de arqueología está compuesta por bienes materiales de nuestro pasado prehistórico e histórico.

32. ERMITA DE SANTA CLARA.

En la mayor parte de los pueblos y ciudades era caractística la presencia de ermitas, de diversas advocaciones, situadas en el extrarradio del casco urbano, habitualmente al pie de los caminos y que generalmente presentaban una función protectora ejercida por el santo titular. El Puerto de Santa María posee varias de este tipo entre las que se encuentra esta. Está advocada a Santa Clara, discípula de San Francisco de Asís, fundadora de la orden de las Clarisas y caracterizada por su extrema devoción a la Santa Eucaristía y cuya conmemoración se celebra el 12 de agosto.

Esta ermita parece datar de fines del siglo XV, sin embargo a lo largo del tiempo debió sufrir distintas modificaciones . Actualmente está en proceso de restauración.

29. EXCONVENTO DE SANTO DOMINGO

El convento, actual centro de enseñanza, fue trazado por el maestro mayor de la ciudad, Pedro Mateos de Grajales hacia 1691. Se articula en torno a un claustro principal, presentando dos portadas al exterior. Su claustro, conocido como “Patio de los Predicadores”, es de bellas y armónicas proporciones. Posee dos plantas, presentando la baja arcos rebajados sobre columnas toscazas de mármol, y balcones adintelados flanqueados por pilastras en la alta. En el centro del patio se localiza una fuente realizada a finales del siglo XIX.

Es, en definitiva, una de las más bellas obras que el barroco ha dejado en la bahía gaditana. La primitiva portada de acceso al conjunto se estructura en dos cuerpos. El inferior presenta vano adintelado, flanqueado por pilastras jónicas sobre alto podium, con decoración de motivos frutales. En el pasado siglo se construye una nueva portada de estilo neoclásico, la cual presenta vano rebajado por baquetón mixtilíneo. Queda flanqueada por dos grandes columnas toscanas sobre pedestales, culminando en balcón con vano adintelado entre pilastras almohadilladas y frontón curvo roto.

Por medio del decreto de 12 de julio de 1842, el inmueble fue cedido por el Gobierno al Ayuntamiento con la finalidad de establecer en él las Casas Consistoriales. Como tal pervivió hasta 1897.

28. CONVENTO DE LAS ESCLAVAS DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

Fundado como Hospital de la Misericordia, perduró como tal hasta 1659, pasando a ser Hospital de la Orden de San Juan de Dios en diciembre de 1660. El edificio presenta dos elementos que le confieren su significado: la iglesia y el patio. El templo, de planta rectangular, es de tres naves y coro alto a los pies, con media naranja en el crucero sobre pechinas carentes de decoración. Las naves laterales están cubiertas con bóvedas de arista y la central con lunetos. Sobre ellas corre una tribuna con balcones hacia la nave central. A la iglesia se accede a través de una magnífica portada de cantería, en la que se siguen los cánones barrocos de las iglesias sevillanas del momento, como la del Santo Angel.

El patio interior es de gran belleza. Posee una triple galería con arcos rebajados sobre columnas toscazas en el primer cuerpo. Todo el templo está recorrido por un alto zócalo de azulejos, realizados en 1923 en Triana.

El edificio pasó a manos del Ayuntamiento el 28 de enero de 1847. Finalmente fue donado para el establecimiento en él de un Convento de las Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús, funcionando hoy como colegio.

30. CONVENTO DEL ESPÍRITU SANTO

Sobre la construcción de este edificio, como consta en la fachada, sólo se sabe con certeza que fue reedificado en 1851, gracias a la caridad del licenciado en teología D. José García Díaz, muerto en 1870. Parece que con anterioridad al actual monasterio, a principios de siglo, albergó la casa de una orden hospitalaria unida a un hospital, y tuvo relación con el mundo marítimo, ya que en la iglesia hubo enterramientos de calafates y otras gentes vinculadas al mar. Como monasterio se dedicaba al cuidado de expósitos.

Con la invasión de las tropas anglo-holandesas en 1702 y la Guerra de Sucesión, los archivos fueron destruidos. Más tarde con la presencia francesa, el edificio fue utilizado como cuadra por la caballería, sufriendo un importante expolio.

En cuanto a su arquitectura es de destacar la iglesia, donde se sigue la traza tradicional conventual portuense de una sola nave, formada por cinco tramos con capillas hornacinas laterales. Todo el edificio está cubierto por bóvedas de medio cañón con lunetos y arcos fajones que apoyan en potentes pilares, con múltiples molduras en las zonas de los capiteles y en el arranque de los mismos. Posee también un coro alto a los pies, sobre la puerta principal de entrada. Exteriormente presenta tres portadas. Su portada principal, ubicada a los pies del templo, es también adintelada, apareciendo flanqueada por pilastras cajeadas y rematada en frontón curvo roto.